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Irish Narrative
Relatos / 18 marzo, 2015

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From Ireland to Dublin, from Dublin to Dún Laoghaire, from Dún Laoghaire to the narrative number 8/9.

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El Doble Viaje
Relatos / 17 marzo, 2015

©PaulaCabrera-Dobleviaje

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Relato 6/7 a color
Relatos / 16 marzo, 2015


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Y aquí sigo, con mis pequeñas historias. Comprobando el 35 mm. a color en la Praktica MTL 50 y el formato medio de 6×7, recuperando una idea pasada y narrándola de nuevo.

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Berlín erzählt
Relatos / 15 marzo, 2015

©PaulaCabrera-Berlin ©PaulaCabrera-berlinerzählt ©PaulaCabrera-Berlínerzählt

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Relato 4/5
Relatos / 14 marzo, 2015

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Relato 2/3
Relatos / 13 marzo, 2015
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Quietas, dormidas están,

las treinta redondas blancas.

La primera vez que leyó estos versos de Pedro Salinas no supo a qué se refería el poeta. Avanzó por el poema como por un laberinto, a tientas, en una suerte de adivinanza que sólo al final fue capaz de descifrar. Underwood girls. Las chicas de Underwood. Se trataba de una marca de máquinas de escribir y las chicas eran, pues, las teclas. Treinta redondas blancas. Ella parecía haberse quedado dormida, con la cara apoyada sobre la mesa, junto a una máquina de escribir. ¿O no lo estaba y cerraba sus ojos recordando o intentado que alguna idea le lanzara contra el mundo vacío? Llevaba tiempo queriendo escribir un cuento y no conseguía que la inspiración acudiera en su auxilio. Recuerda que pensó: qué raro, si yo siempre escribo con el ordenador, cómo es que estoy intentándolo una y otra vez con una máquina de escribir portátil, que ni siquiera es Underwood.

Otro papel arrancado del rodillo, una superficie surcada de arrugas, de huellas inútiles, de dobleces sin sentido, arrojado a la papelera. Otro intento fallido. Y creyó continuar intentándolo, buscando una historia, los surcos de un relato, soñando un cuento entre los pliegues sin letras de las sábanas.

Cuando despierte, comprobará que no hay máquina de escribir, ni cuento, y habrá de intentarlo de nuevo.

Texto: Lorenzo Cabrera

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Romanticismo Imaginario
Relatos / 12 marzo, 2015

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©PaulaCabrera-romanticismo-imaginario
 

©PaulaCabrera-romanticismo

Al igual que hacía el pintor alemán Gaspar Friedrich en sus pinturas románticas de finales del siglo XIX, estas imágenes presentan seres de espaldas observando en la lejanía el horizonte de un paisaje. El pintor poblaba sus paisajes pictóricos de seres contemporáneos donde el rostro y la identidad desaparecían, su intención era entonces representar la auténtica humanización del hombre que se encontraba en la naturaleza, logrando una metáfora visual donde el individuo se perdía y se envolvía con el paisaje natural, para expresar esa idea del individuo en el todo cósmico. En estas imágenes fotográficas el discurso se modifica, los paisajes no son reales sino imágenes fotográficas que se sitúan delante del individuo. El objetivo ha sido trabajar con “la imagen dentro de la imagen” y el engaño visual, ya que este paisaje no existe, es imaginario y es sólo un reflejo del real. A partir de esta idea podemos llegar a diversas interpretaciones, los seres contemporáneos se disuelven en el paisaje de “papel” que está colgado contra la pared, esa humanización con la naturaleza desaparece, es falsa. Todo está escenificado pero nos seduce a la vez que nos transmite quietud, es el poder de la fotografía y sus propiedades, que hacen que podamos jugar con la realidad y persuadir al ojo humano. Son imágenes con un tono surrealista pero, a la vez, con un toque de realidad que es lo que hace que sean atractivas. Los personajes no tienen identidad y podemos llegar a identificarnos con ellos, quizás tengan algo de publicitarias y por eso nos intentan convencer, creemos en ese paisaje que no es otra cosa que un estudio fotográfico, una fotografía colgada en la pared, un modelo delante y focos que lo iluminan. Toda una escena prefabricada y un discurso que se podría adaptar muy bien a la sociedad en la que vivimos y que no tiene nada que ver con la que Gaspar Friedrich conoció.

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Homenaje
Relatos / 11 marzo, 2015

©PaulaCabrera-homenajeRelato inspirado en Edward Steichen, Duane Michals & Gregory Crewdson.

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Relato 1
Relatos / 9 marzo, 2015

©PaulaCabrera-Relato1

Off, negro, todo es oscuro. On, dilatación, abertura máxima de los ojos, pero lenta, estoy cansada, remoloneo en la cama. Tengo que levantarme y con dificultad enfoco la ventana, la alcanzo y logro abrirla. Sobreexposición. La luz, aunque todavía suave, me quema la vista por unos segundos hasta que consigo adaptarme a la claridad del día. Tengo que darme prisa, voy justa de tiempo. Diafragma cerrado, todo perfecto, nítido y claro, sólo algunos cojines tirados en el suelo, al fondo, sobre la silla, mi ropa. Me visto, aseo y acelero hacia la cocina para desayunar ligera. Tengo que irme, no voy a llegar. Se me olvidaba algo, disminuyo la velocidad. Tengo que buscar las llaves del candado. Miro en la mochila, enfoco y las encuadro, menos mal. Me monto en la bicicleta, pedaleo. Los adoquines siempre me molestan, los detesto, solo espero que la cadena de la bici no se salga. En algunos tramos, por suerte, el pavimento es liso. Continúo recto, saludo a Luis, el frutero. Me cruzo con el gorrilla, freno. Un coche delante de mí y muchos más hacen una fila, atasco. Me subo en la acera y los adelanto. Toda la calle para mí. Giro, vista panorámica, pero me inclino hacia la derecha, esa es mi dirección. La luz es cada vez más fuerte por minutos, está amaneciendo. Al fin llego a la avenida y me incorporo al carril. Continúo. Aquí ya todo es más fácil. No me preocupa nada, algún semáforo que esperar, un paso de cebra para compartir con los peatones y alguna mirada vejestoria con irritación. No me importa, los retratos psicológicos me interesan. Acelero, el paisaje se convierte en una línea recta y seguida, de color verde. Mis manos van solas, no hay curvas ni giros, nada de cambios. Me sumerjo en la composición, casi abstracta, estoy cerca de la idea pero tengo que estar atenta, voy conduciendo una bicicleta. Trato de enfocar la realidad de nuevo, volver, pero justo alguien cruza. Los frenos se atascan, no van bien. ¡Alerta! hago sonar el timbre, le doy al botón. Demasiado tarde. El cuerpo choca, tropieza con la rueda. Mi mirada es de desconcierto. El retratado se eleva, gira hasta volcar del revés. Las piernas en el lado opuesto, alteración. Mi pupila se dilata, la retina está preparada, el personaje ya está invertido: el proceso fotográfico casi completo. Sólo queda el reflejo del espejo, el pentaprisma y todo solucionado. Al derecho, boca arriba y aquí no ha pasado nada. ¡Deprisa! un rayo de luz me perturba, no veo, hay demasiada claridad, cada vez más luz. Se está haciendo más de día. Me tapo con el brazo. Cierro los ojos, la ceguera me domina. La imagen corre peligro. Se vela, veo negro. Vuelvo a estar en el interior, oculta, dormida desde el otro lado. Vuelta a empezar de nuevo. Todo es oscuro, negro, off.

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Indicios
Relatos / 9 marzo, 2015

©PaulaCabrera-Indicios-barco ©PaulaCabrera-Indicios-pies ©PaulaCabrera-Indicios-puerta ©PaulaCabrera-Indicios-trenza 

Huellas, indicios de que algo ha ocurrido. Pequeños relatos que imagino en los espacios cotidianos, lugares que forman parte del diario: la escalera, el baño o el pasillo. Imágenes que podrían formar parte de algún delirio producido por la memoria y que escenifico.

Cada serie fotográfica está formada por tres imágenes, a modo de pequeño relato visual, que invita a la interpretación subjetiva. El discurso es abierto pero, inevitablemente, nos puede aludir a algún cuento infantil o una pequeña fantasía. Estas escenas están construidas con materiales comunes, baratos, incluso podríamos decir materiales “de manualidades” que refuerzan esa idea infantil de cuento. Los pensamientos se producen en cualquier momento y no sólo están en nuestras mentes, sino que incluso a veces podemos percibirlos de manera visual mientras los imaginamos. Estas imágenes, con un tinte surrealista, pueden ser frías a la vez que intrigantes porque contemplamos algo que está, ya no está o estuvo. Son escenas que nos proporcionan alguna pista o huella para resolver un relato. Algo ha pasado y quizás ese algo es lo que está dentro de nuestra propia imaginación o pensamiento y que, entre otras cosas, se configura muchas veces por nuestros propios recuerdos (con frecuencia de la infancia). En cada una de las series, la escena se va ampliando hasta llegar a la tercera y última imagen que abre el encuadre para resolver (o no) esa pequeña narración que está dentro de cada uno.

 

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